lunes, 6 de diciembre de 2010

El Galeote de la Pluma: Salgari





l autor de “Los Tigres de Mompracem”; “Los Mineros de Alaska”; “La Capitana de Yucatán”, “Las Panteras de Argel”, “Los horrores de Siberia”, “Los misterios de la jungla negra”; “Sandokán, el tigre de la Malasia”, “El falso brahmán”; “Las Fronteras del Far West” y “Viaje al Polo Austral en velocípedo”, entre más de cien novelas, nunca salió de Italia…






Cuentan que alguna vez Emilio Salgari inició la carrera de marino en Venecia, pero al poquito tiempo la abandonó para subirse a una embarcación extraordinaria, insuperable y de la cual fue temerario capitán: su imaginación


La broma póstuma a sus lectores, críticos y editores (o el magno homenaje a la ficción literaria) fue sostener hasta la última página de sus Memorias, la condición de viajero, experimentado marino que contaba legítimas aventuras vividas en los remotos confines del mundo.  Lo cierto es que no viajó más que Julio Verne –a quien se permitió jugarle una broma literaria- ni siquiera frecuentó las bibliotecas para consultar un atlas o libro de geografía. Pero conocer estos detalles de la vida ¿real?, le agrega placer a la lectura de sus obras. Finalmente este “galeote de la pluma, como se llamaba a sí mismo, era un maravilloso narrador capaz de convertir episodios intrascendentes, grises, mínimos para la mayoría de los mortales, en asombrosas aventuras dignas de soñarse y vivirse.


El humilde hijo de un tendero de Verona, exagerado, grandilocuente y genial,  le escapó a la realidad como a la peste, toda su vida. El único dato de sus Memorias que podemos creerle, lleva fecha 24 de abril de 1911. Dice: “Mañana no existiré”.


Los diarios del día posterior dicen que al amanecer, Emilio Salgari bajó hasta el verde valle de San Martino con un cuchillo entre sus ropas. En un claro del bosque (la selva) siguiendo el rito samurái (como había “visto” en su viaje a Kioto) el compañero de aventuras de Sandokán y el Corsario Negro, se quitó la vida. Apenas unos años atrás, los tigres de Mompracén le habían escuchado murmurar en la tumba de Eva Stevenson: “Pronto me reuniré contigo”.  Las fieras sabían que el Capitán Salgari siempre cumplía con su palabra.








6 comentarios:

Beelzenef dijo...

Nunca podré olvidar la primera vez que surqué los mares del Caribe y afronté a la muerte junto al Corsario Negro. Nunca hubo aventura igual

LA CASA ENCENDIDA dijo...

La imaginación es un don siempre que se sepa separar esa imaginación de la realidad. Triste final para un genio que no supo distinguirlo.

Besicos a mogollón,a puñaos con todo el cariño de esta andaluza

SUSANA dijo...

Beelzenef: ¿Sabés que yo tampoco, nunca podrè olvidar esas aventuras? Adoré a Salgari en mi niñez, y luego más grande, busqué por cielo y mar, piratas femeninas! Se la pasaba maravillosamente entre sus letras!

SUSANA dijo...

Nani: Sin dudas, y en este caso, la imaginación también sirvió para escapar de una durísima realidad. Salgari padeció toda su vida la estrechez económica (a pesar de ser un autor con mucho éxito, le pagaban monedas por su trabajo)Finalmente y muy joven, sucumbió. La locura de su esposa y el propio desequilibrio, lo llevaron a ese final, digno si se quiere, de ficción literaria.
Besicos a puñaos mi andaluza bella como un sol!

América dijo...

AYYYYYY....Susana quien no ha leído ha ese autor que fue capaz de llevarnos a muchos lugares,vivir aventuras y hasta soñar con lejanos lugares.El pirata Sandokán de mis preferidos!!!....Triste final para un hombre que supo entretener y hacer soñar a muchos,( ochenta y cuatro novelas, y un número de relatos cortos imposible de determinar.!)
Un abrazote!

SUSANA dijo...

América: Siiiiiiiiii!!!!! Sandokàn tambièn era mi ìdolo! Todavìa busco una vieja pelìcula, donde el protagonista (ni idea del nombre)era igual al que imaginé en las lecturas. (y tenía unos ojosss que no te explico)

Todos los que crecimos con Salgari, creo, le debemos momentos maravillosos, y nos entristece ese final.
Gracias por compartir este recuerdito conmigo! Abrazotes amor!!!