martes, 9 de agosto de 2011

The Punisher: Joseph de Maistre


El castigo gobierna la humanidad entera, el castigo la preserva, y el castigo vela cuando los humanos guardias duermen. El sabio considera el castigo como la perfección de la justicia. Si un Monarca indolente cesa de castigar, el más fuerte concluirá por devorar al más débil. La raza entera de los hombres está contenida en el orden por el castigo. […] Se corromperían todas las clases, se rompería toda valla, y no habría más que confusión entre los hombres, si la pena dejase de ser aplicada ó lo fuese injustamente aseguraba el noble saboyano, ultramontano y profundamente católico Joseph-Marie, conde de Maistre (1753-1821) mientras atacaba sin descanso la filosofía de la Ilustración. Sin embargo, si acaso no hubiera ocurrido la Revolución Francesa, podría muy bien haber vivido la existencia de un hombre mediocre, sin diferencias con el resto de la nobleza europea menor.


Su visión, profunda y sinceramente pesimista respecto de la naturaleza del hombre, consideraba que la trinidad compuesta por un Rey autoritario, el Papa y el Verdugo, era lo único que podía frenar la naturaleza salvaje del hombre.
El inusual reaccionario Maistre, consideraba la Revolución Francesa como un episodio satánico de la Historia, la consecuencia lógica de dar rienda suelta a las fuerzas subversivas anticlericales, conspiración de ateos, protestantes, jansenistas, masones e Illuminati, todos los que a su entender desafiaron a Dios, la monarquía y la tradición, minando las bases de la sociedad civilizada y reemplazándola por una anarquía sin Dios que culmina en el hambre y en la sangrienta guillotina del Terror de Robespierre, un error del hombre.
“En la naturaleza” –dice Maistre- “reina una violencia abierta, una furia preceptiva” “la mano destructora del hombre no perdona nada”. Maistre no tiene paciencia para las teorías sociales del contractualismo de Hobbes, Locke y sus semejantes. Para él, el verdugo es el único que puede mantener el orden con eficacia y le dedica unas memorables y “cariñosas” letras en sus célebres “Las veladas de San Petersburgo”:


“El verdugo es un ser sublime, es la piedra angular de la sociedad, pues que el crimen ha venido a habitar vuestra tierra, y sólo puede ser contenido por el castigo, quitar al ejecutor, y todo el orden desaparece con él ¡Qué grandeza de alma! Qué interés tan noble debe precisamente suponerse en tal hombre que se dedica a funciones respetables sin duda, pero sumamente penosas y contrarias a vuestra naturaleza.
¿Es este un hombre? Si: Dios le recibe en sus templos, y le permite orar. El no es delincuente, pero a ninguno le ocurre decir que es virtuoso, ni que es honrado, ni estimable.
Y sin embargo toda grandeza, todo poder, toda subordinación descansa en el ejecutor; él es el horror, y él es el lazo de la humana asociación. Quitad del mundo este agente incomprensible, y en el instante mismo el orden hace lugar al caos”.
El pintoresco conde que condenó la democracia por ser causa de desorden social, se llamó a sí mismo un discípulo de Tomás de Aquino; aborreció el “contrato social”, rechazó a Bacon, odió a Voltaire; admiró imparcialmente a Böhme y Emanuel Swedenborg y fue profundamente influido por ellos. A su vez el pensamiento de Joseph de Maistre y su intransigente visión del mundo fueron compartidas por Tolstoi (sobre todo cuando describe la batalla de Borodinó en Guerra y Paz) e inspiró a otros seguidores en el siglo XIX como Saint-Simon, Auguste Comte, Baudelaire, Menéndez Pelayo y Ortega y Gasset. Su ideario ha sido considerado como un preludio del fascismo, según Isaiah Berlin.

3 comentarios:

LA CASA ENCENDIDA dijo...

No sé Susana, la verdad es que no soy muy entendida en el tema, pero este señor me parece un poco anticuado en sus pensamientos, muy conservador y fanático y esto último, es algo que me da mucho miedo y mucho respeto. El fanatismo sea de la índole que sea, me da pavor.
Eres la persona que rescata la historia y sus hitoriadores, por eso mismo tengo que darte una vez más las gracias y por supuesto...
Besicos a mogollón y a puñaitos.

Anónimo dijo...

Conservador sin duda, ultramontano y todo lo que se quiera, pero profundamente lúcido... como estamos comprobando estos días en los que el Gobierno, con la cobertura ideológica de los Derechos Humanos y la derogación de la doctrina Parot, pone en libertad a una auténtica jauría de asesinos, violadores y sádicos, insultando así la memoria de sus víctimas. Al final, De Maistre va a tener razón, por antipático que nos resulte.

Raycappa dijo...

¿Y a Donoso Cortés?