jueves, 27 de octubre de 2011

El orden de los hexágonos


“¿pero qué orden puede ser ese que no parezca el más nefasto, el más terrible, el más insanable de los desórdenes?” se preguntaba Cortázar en Rayuela…y nos preguntamos.


El ciberespacio, sabemos, parece un caos o no responde a nuestra idea del orden. La información viaja sin control entre distorsiones, simplificaciones y desinformaciones, con variantes y aproximaciones, sin filtros o mecanismos de censura. Autores consagrados del pasado y el presente, conviven con lectores-escritores-opinadores-productores, en este extraño lugar en que la raza humana aboga por la libre expresión, la comunicación, el diálogo y la participación democrática.


¡Síndrome de Biblioteca de Babel! vociferan los ilustrados, asegurando que el exceso, la hiperproliferación de información, enfrenta a todos los usuarios de Internet con su propia ignorancia. Quizás, lo seguro es que todos asistimos con perplejidad al fenómeno.
Nuestra Biblioteca-Internet en continua expansión, no tiene precedentes en la historia de la humanidad. No es igual a ninguna biblioteca anterior, real o imaginaria, de Alejandría o de existencia ab-aeterno como la de Babel, pero guarda con esta última, algunas interesantes semejanzas. Cada quien deambula entre sus galerías hexagonales, en busca de la propia Vindicación, el libro o letras que justifiquen su existencia. Si no lo encuentra, lo escribirá y con un clic, lo agregará a esos estantes para que cualquiera lo pueda leer, volver a escribir, mejorar, borrar, ilustrar, refutar, contradecir, olvidar o simplemente ignorar.


Mientras, en algún lugar…un fantasma sonríe, astuto, hoy le llaman “Profeta de la Web”. Un nuevo giro de la lógica borgiana lo instala en este universo paralelo que duplica y refleja las exégesis de sus textos. Desde todos los rincones y recovecos del ciberespacio, académicos, literarios y amateurs, fatigan sus obras, lo reclaman en un caleidoscopio deslumbrante de lecturas e interpretaciones; escudriñan ¿apologías y profecías? ¿arcanos prodigiosos para el porvenir?.
Veamos, en El jardín de senderos que se bifurcan, el laberinto es la Red; en El Aleph, el espacio energético totalizador; en El Zahir, el objeto de culto, el navegador Internet Explorer; en La Lotería de Babilonia, el comercio electrónico; en Funes el Memorioso la memoria indiscriminadamente abarcativa, amorfa, amenazadora; en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, ese universo paralelo que va substituyendo paulatinamente a la realidad conocida. ¡Qué arrastre, Maestro!


Quizás alguna vez, la Biblioteca-Internet que construimos todos los días con nuestras manos y mentes, “abarque todos los libros" y “nuestra impresión sea de extravagante felicidad”. Quizás nuestra humanidad, que hoy contamina las redes con sus errores (y miserias) sea la misma que corrija, desinfecte y permita en un futuro, separar la mies del rastrojo. Quizás logremos… ¿el Orden?







“La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza.” Borges









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